
Por: Sergio Espinosa G.
Para ser recitado en escenario a media luz y ambiente tétrico.
Premiado por "La Voz", periódico en español de Montreal, Canadá.
a F. Kafka
"El hombre un día emergió del sueño como de un desierto
viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora
y comprendió que no había soñado" © J.L.B. - Las ruinas
circulares
"Vio un caballo plateado que bebía el agua crapulosa de un charco" - J. L.
Borges - La muerte y la brújula
Sólo tres minutos. Si, sólo ese instante breve transcurrió desde mi
desvanecimiento hasta el momento de recuperar la conciencia y, ¿el dominio aparente de la
inhabitual situación?
Creí morir. No recordaría ahora ni mi sufrimiento ni la versión de lo
que dije. Si no fuera porque me lo hacen escuchar de la cinta grabada; y si, es mi propia
voz la que reproduce el magnetófono. Después me hicieron firmar toda la
declaración escrita. Tampoco recuerdo cuándo la escribí. Pero no cabe
duda. Es el trazo de mi letra.
Quien me interrogó conoce su oficio. Hizo lógicas mis respuestas a sus torpes
preguntas...
Contestaciones inocuas a cuestionamiento inicuo...
- "No puedo haberlo dicho yo" pienso, mientras repaso el papel que tiembla entre
mis manos. Así es de desesperante. - ¡¿Cuándo conocí a Lope de Vega?!
¡Ellos lo tildan de sospechoso de alentar un posible levantamiento popular en no se
qué poblado!
A continuación me preguntaron que si era mío un libro escrito por un tal P.
Mariana, un cura a quien le enrostraron el delito de defender el derecho que tiene el
gobernado de cortarle la cabeza al gobernante cuando, éste procede con injusticia
manifiesta y malversa el erario.
Yo pensaba: "Andan lejos de la verdad, no son reales" Pero no soportaba más
tantos cigarros encendidos que con loco frenesí apagaban llagando en viva carne mi
adolorida e infamada piel. ¡Ni aguanto más ese foco encendido todo el tiempo y en
dirección fija sobre el rostro!. ¡Relampagueantes luminiscencias que rasgaron la
oscurana de mi noche en el fondo blancuzco de las pupilas siempre abiertas.
¿Cuántos días? ¿Cuántas noches se han sucedido una detrás de la otra sin dejarme dormir?
¿Cuál puede ser el límite de mi resistencia que se escapa y acaba? ... Y ¡SI!, les dije, conozco todo eso
... Nunca sospeché que pudiera pasarme: acusarme de cómplice de un ilustre
hijo del dorado siglo, y de un dominico del tiempo inquisidor ... Conspiradores contra la
seguridad del Estado! .... Y de ver en mí a un creyente de tales doctrinas...Y de ser amigo
de los Jesuitas rebeldes de la Universidad
...¡No lo comprendo!
A un jesuita conocí hace ya algún tiempo. Era Provincial de la Compañía,
y desde su alto puesto se abrazaba sonriente con el dictador de esa época. Ahora es
Rector de esa misma Universidad. ¿Quién les habrá pasado el informe sobre mi
manera de pensar? Nunca creí que molestaran ni siquiera que llegaran a sus oídos
mis comentarios irónicos expuestos ante los alumnos en las clases de historia. Ya me
advertían que estos señores son muy sensibles a la crítica y que lo
mejor era callar.
... Pienso en aquellos dos jóvenes, siempre silenciosos que nunca intervenían
como lo hacían sus compañeros.
- Cuando yo afirmaba que un buen legislador debía dictar leyes justas que buscaran
el bienestar de la mayoría, ellos se miraban de soslayo.
- Cuando yo afirmaba que los líderes deberían buscar primero los frutos del
espíritu e incrementar día a día su propia perfección, ellos se
miraban de soslayo.
- Cuando yo sostenía que quienes se consideraban re-volucionarios, no podían
ser deshonestos ni repetir los errores anteriores, ellos se miraban de soslayo.
- Cuando, por mi mala fortuna, yo exigía de los dirigentes, casi a gritos, que no
debían habitar lujosas mansiones, ni vivir en el boato que los otros acostumbraban,
ellos se miraban de soslayo, y hablaban entre dientes....
Ellos eran infiltrados, no me cabe ya la menor duda, pero ¿de qué me sirve saberlo?
¡Eso no cambiará mi situación! Todo eso lo comprendo en este momento, como
comprendo que es inútil elucubrar, ni valen arrepentimientos... Pero crece mi
admiración por los poetas latinos que manejaban las sátiras y las
epístolas morales y todos esos géneros literarios con que señalaban
la corrupción imperante en aquellos lejanos tiempos ... Marcial, Catulo, Lucano,
Juvenal y tantos otros que hacían temblar a los césares, a pesar de todas
sus legiones, con las solas palabras hirientes que salían de sus plumas ...
También admiro a los profetas del Antiguo Testamento que apostrofaban a los reyes de
Israel y de Judá cuando estos se salían de los derroteros trazados por Dios
mismo ....
Pienso en mi pueblo dejado lejos, en las sierras, en donde el aire es todavía fresco
y puro, y clara el agua que brota de las fuentes ... Son recuerdos tan hermosos, como los
que, según dicen, acometen a los condenados a muerte... Pero yo no fui condenado a
sufrir esa pena. A mi me recetaron sólo treinta años.
Sin embargo, hay una cosa extraña: el guardián de la prisión me dijo
que iban a trasladarme unos días al hospital militar para recuperar fuerzas... Pero
yo conozco bien el hospital militar y estas instalaciones en nada me lo recuerdan...
también encuentro raras a todas esas personas con quienes me he topado ... No
parecen paramédicos...¿En qué lugar me encuentro? ¿En dónde en
realidad me han trasladado? ...
¡Horror de horrores! ... Por la pequeña ventana enrejada reconozco las viejas
construcciones del manicomio de San Calixto. Es el lugar en donde estoy. Aunque nuevo,
el pabellón me parece igual de sórdido. Repaso en mi mente la leyenda del
frontispicio en la entrada del infierno del Dante y comprendo que no puedo ya guardar la
esperanza de un posible indulto ... "Quien aquí entra, no sale sino
muerto"...Me espera cumplir una sentencia peor que el paredón ...
Eso fue todo. Después, el mundo real desaparece ... El entorno se esfuma y mi mente
se vacía ... Y veo en apocalíptica visión, una terrible metamorfosis:
Los buitres covertidos en gusanos y engalonadas las panteras darianas ...¡Yo me siento
también metamorfoseado!...
Y hasta allí llegó mi juicio, y mi enjuiciamiento, el cual se realizó
con una sola cara: la que tiene el juez que ha sido al mismo tiempo acusador y jurado todo
en uno ....
¡Culpable! ¡Yo soy culpable de ser enemigo del Estado y de alentar el descontento!
¡¡Es esta camisa de fuerza la que me está gritando en este momento mi evidente locura!! ...
Sergio Espinosa G.
Montreal, Pascua de Resurrección 1997
