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*Un Extraño Suceso (Cuento)

Por: Sergio Espinosa G.
Relatos Breves y Fantásticos
Premiado por "La Voz", periódico en español de Montreal, Canadá.

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo, y tiempo y sueño y agonía? © J. L. Borges

Nadie supo nunca de dónde había venido, ni a qué raza pertenecía, ni cuál era su lengua materna. Lo mismo su aspecto físico, era indefinido: flaco, sin llegar al extremo, algo desgarbado y de lento caminar. Su figura en general imponía respeto. Nariz aguileña, orejas grandes, cabello hirsuto, cejas encontradas, mentón sobresaliente, pero labios finos y hundidos. Parecía un personaje sacado del teatro de Molière, o del decimonónico mundo de Dickens. El color de su piel era cetrino, como lo tienen los pueblos mediterráneos que exponen su piel a soles casi siempre inclementes; más bien de barba rala y de bigote escaso. Pero nada lo caracterizaba mejor que su mirada hipnótica, ascuas encendidas que radiaban destellos inquietantes. Recordaban aquella descripción que Huidobro hace de Cagliostro: "¿Habéis visto sus ojos? Sus ojos fosforescentes como los arroyos que corren sobre las minas de mercurio; sus ojos de repente han enriquecido la noche, ellos son la única luz en el fondo de su propia existencia"

Dijo llamarse Mijail Kalovic, pero eso a nadie le dijo gran cosa. Lo mismo como si hubiese dicho que era Perico de los Palotes. Dijo también ser médico, pero no enseñó diploma alguno. Bastó, sin embargo para que lo siguiera una multitud de gente enferma. Nuetro pueblo suele ser muy crédulo con los extraños, y con gran facilidad les hacen entrega de su confianza. Al principio no cobraba, pero muy pronto comenzó a aceptar pequeños regalos, lo que despertó el recelo del cuerpo médico.

En las noches recorría las mesas de juego del Gran Casino local, en donde prestaba dinero con intereses leoninos a los "habitués" de la ruleta y del bacará. Pingües y seguros negocios, resultaron de allí, que le permitieron quedarse con joyas y propiedades de inmenso valor. ¿Judío? -preguntará el lector casi seguro de acertar-, pero no, no era judío. La Sociedad hebraica, que estaba compuesta por antiguas familias sefardíes de larga permanencia en el país, y por otros grupos askenaszis -venidos de Europa central y oriental, huyendo de la Segunda Guerra, y que se habían integrado bien con los de su sangre-, era muyespecial en eso de prestar ayuda a los recién llegados y, en colaborar unos con otros en cualquier empresa en la que se embarcaran. Todos ellos estaban dedicados a la Industria, el Comercio y la Banca. Eran gente con bien sentada fama de honradez, respeto y seriedad. Aunque eran pocos, constituían un grupo poderoso y homogéneo. Desde un principio ignoraron a Mijail, y le hicieron el vacío.

Cuando la Seguridad del Estado abortó un complot en contra la vida del dictador, y tres extranjeros indocumentados cayeron presos, la investigación no progresó con ellos, porque hablaban una lengua desconocida. Mijail se ofreció de traductor, ¡él hablaba ese idioma!.

Es fama que enseñó a los sicarios del régimen, nuevos y refinados métodos para hacer cantar a los prisioneros. A partir de entonces se ganó la voluntad del selecto grupo de gobierno, y con ello, el temor y la repulsa del resto de la población. La gente decía que había sido informador de la Gestapo, otros afirmaban que más bien había trabajado para la Policía política de Stalin. El que lo temieran y odiaran pareció envalentonarlo.

Después de un fuerte terremoto que colapsó muchos edificios de la ciudad, hizo públicas unas demoledoras opiniones que ponían en tela de juicio la capacidad de los ingenieros civiles, lo que irritó de igual manera a este gremio profesional. No se por qué, -ante ese desplante de inmiscuirse en lo que no era de su incumbencia, y sobre todo, la forma en que lo hacía, cargada de desprecio- yo sentí una fuerte rabia, que nunca antes había experimentado.

De esta época data la primera manifestación que me sucedió: Una noche soñé que había llegado a su despacho particular para proporcionarle una gran paliza, tras de la cual me retiré dándole por muerto. Cuando desperté azorado y sudoroso, bendije que sólo era un sueño. Pero ¡oh sorpresa!, ¡los diarios del medio día anunciaron en primera plana, que Mijail había sido golpeado por desconocidos, en su propia casa y que sobrevivía bajo cuidados intensivos en el mejor hospital de la ciudad!.

Varios días estuvo sumido en un coma profundo, mientras los medios lo hacían objeto de las más diversas especulaciones. Fue noticia de primera plana durante algún tiempo, que corría paralelo a las pesquisas iniciales que no arrojaron luz sobre el misterio. Yo lo pasé intrigado y en suspenso, sin dar fe de todo lo que estaba sucediendo.

Cuando por fin recuperó la lucidez y fue dado de alta, declaró que no recordaba nada, que no vio la cara de su agresor, y que no se explicaba los motivos del ataque, ni la gravedad de su castigo. Aunque en su casa guardaba joyas de gran valor, títulos negociables, y aún dinero en efectivo, nada le robaron, lo que descartaba el robo como objeto de la acción. Pero comprendió lo evidente del mensaje, y guardó silencio hasta el punto que la gente olvidó lo ocurrido.

Pero no tardó en volver a las andadas, y en esta ocasión se metió en problemas con todo el mundo. Veamos cómo fue: Comenzó diciendo que en Nicaragua nadie hablaba, ni menos escribía el español de manera correcta; que el caso de Rubén Darío era excepcional; un verdadero milagro que sólo ocurría en un milenio, y repetía, con un libro en la mano, el pasaje que don Juan Valera había escrito dirigido a Darío, y que le sirvió a este célebre escritor como prólogo de su libro "AZUL", que lo catapultó a la fama mundial: "Yo no puedo exigir de usted que sea nicaragüense, porque no hay, ni puede haber aún historia literaria, escuela y tradiciones literarias en Nicaragua" ... y se solazaba repitiendo la cita a quien quisiera oírlo, entre graves y escandalosos denuestos, cosa que parecía haberse vuelto ya usual en l...

Pero, fue como provocar a un avispero: ¿Habráse visto tamaño desafuero, vergonzosa desfachatez?... -se preguntaba la mayoría de la gente bien, de los intelectuales y de la sociedad en general- ¡Decir semejante desaguisado en un país en donde todo el mundo escribe, y se precia de hacerlo bien! ... ¡Esta vez se apoderó de mi una rabia y un rencor nunca antes sentidos! ... Procuré, sin resultados, apartar de mi corazón tan atroces sentimientos.

Y sucedió lo irremediable: soñé que montado en brioso corcel, de piel negra y lustrosa, el que tan pronto caracoleaba, como golpeaba con gran energía el suelo, como si lo rascara con sus manos poderosas, y, yo, dispuesto a vengar todas las afrentas y, ¡vestido con los atuendos y el yelmo del Quijote!, -la adarga en ristre- penetraba con todo y montura en la vivienda enemiga, haciendo añicos el cristal de la fachada! ... El soberbio animal, -agitada al aire su hermosa crinera, y en medio de gran estruendo, echaba, piafando y resoplando, dos chorros de vapor por sus ollares, causando terrífica impresión, con bastante más del Bucefalo macedonio que del calmo jamelgo Rocinante... como un alucinante grabado de Doré ...

El enemigo salió asustado, blandiendo en su diestra una pistola Luger de calibre 9 mm.., que trató de poner en posición de disparar; pero no tuvo tiempo, mi lanza le atravesó el pecho a la altura del corazón cayendo muerto de inmediato....

Desperté asustado de verdad, y, como la vez anterior, agradecí al cielo que todo no fuera más que un sueño. Pero no duró mucho mi pobre consuelo: antes de mediodía, la radio difundía con desmesurado escándalo la noticia: Mijail había sido asesinado esa noche. Se encontró su cuerpo en medio de un charco de sangre, ensartado en una barra de acero de las que usan los albañiles en construcción.

Nervioso y confuso, me encerré en el estudio de mi casa, en donde encontré estos papeles, encima del escritorio, con el relato que aquí termino. La papelería es fina, y la caligrafía de excelente trazo; pero, ¡ni el papel ni la letra me pertenecen!.

Mientras releo por tercera y cuarta vez, más me sorprendo: la descripción física del personaje pareciera ser la mía propia. ¿Cómo han llegado hasta aquí estos papeles, si el cuarto permanece todo el tiempo bajo llave?. ¡Veo clara una firma bien legible que dice: Mijail Kalovic!, pero sobre las últimas letras hay una mancha que parece de sangre y que han borrado los tres trazos finales, dejando : Mijail Kalo, y, ¡no puede ser!, pero, eso es lo mismo que Miguel Caló, y ¡ese soy yo! ...¡un nudo angustioso me atenaza la garganta mientras caigo, presa de insoportables ahogos!..

Días más tarde, la policía tuvo que romper la gruesa puerta del estudio del señor Miguel Caló, conocido personaje de la ciudad, para retirar su cadáver. Había muerto estrangulado, pero sin encontrarse ni en el local, ni en su cuerpo señales de violencia. La puerta estaba con la llave echada por dentro y con pestillo de seguridad... *

Sergio Espinosa G.
Montreal, 19 de marzo de 1998

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