
El Padre Astorqui ya descansa en la eternidad del Cielo. Su personalidad será siempre recordada por todos los que
tuvimos el placer de compartir con él unos escasos momentos de nuestra existencia.
Así como los nenúfares de su pila, el Padre Astorqui siempre mantuvo una actitud positiva, de cara al sol
en busca de los misterios de esta vida, y de la siguiente.
Le decíamos El Brujo, apodo al cual fue
ajustándose graciosamente hasta aceptar la voluntad popular del estudiantado. Recuerdo una vez que estaba con
un grupo de nosotros, cuando alguien (creo que Luis Felipe Miranda, La Morsa) le preguntó que si en realidad
era brujo. Por supuesto esta pregunta no era para faltarle el respeto pues ya nos habíamos ganado su confianza
y podíamos darnos el lujo de bromear así con él. La respuesta del Padre Astorqui fue aún
mejor que la pregunta: con su estilo clásico de hablar pausado y con la boca medio de un lado, moviendo el hombro
como para acomodarse la manga corta de la camisa que parecía estorbarle constantemente, le respondió:
si yo fuera brujo a tí ya te hubiera convertido en sapo.
Te invitamos a rezar un Padre Nuestro por el eterno descanso del alma del Padre Astorqui, quien dio todo lo que pudo
en su vida para que sus alumnos resultaran mejores personas que las que él había recibido al principio
de cada año escolar. Tal vez todavía te queden los rastros mentales de sus clases de Biología y
Química.
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