Oración de René Sandino Monterrey a La Purísima
Avemaría
Dios te Salve, María,
fue el Glorioso saludo que el Arcángel San Gabriel
te comunicó al principio, Madre Bendita,
para cumplir el plan que Dios ya tenía listo desde
el primer instante, pues fuiste concebida
sin pecado original en el vientre de tu madre Santa Ana;
llena eres de Gracia,
del "Don de Dios que eleva sobrenaturalmente a la criatura racional";
y ¿quién más sino vos, la criatura más indicada para recibir
el privilegio de ser la escogida por Nuestro Padre Celestial?
el Señor es contigo,
de tal manera que el Poder de Dios cubrió tu alma, espíritu,
mente y cuerpo, permitiendo que el Creador y Redentor naciera de tu ser,
y que su amor habitara eternamente en vos;
bendita eres entre todas las mujeres,
pues ¿qué mayor privilegio que el poder engendrar al Dios mismo?
y ¿qué mejor bendición que la que viene directamente desde el Cielo
por boca del Arcángel y designio del Señor?
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús,
quien, por Voluntad Divina se regocijaba en tu abdomen al unísono
con las Palabras Sagradas del anunciante del Cielo;
Santa María, Madre de Dios,
Madre de todos los seres humanos, Madre Bendita, Madre del Hombre
que ofrendó su vida para salvarnos y llevarnos a la Vida Eterna;
Madre Santa, Madre incomparable que no se cansa nunca de cuidar
a todos sus hijos, en la Tierra, en el Cielo, y en el Purgatorio;
ruega por nosotros, los pecadores,
porque somos imperfectos, y no tenemos fuerza suficiente para
mantener encendida la llama del Amor que nos une con tu Hijo Amado,
porque a pesar de querer acercarnos a vos, la vida nos empuja
en dirección opuesta haciéndonos tropezar continuamente;
ahora y en la hora de nuestra muerte,
ruega pues Madre, hoy para iniciar ese cambio tan necesario en nuestras vidas;
y al momento de abandonar nuestra cárcel terrenal, el cuerpo,
para que la transición sea poco dolorosa y podamos gozar
del descanso eterno a la par tuya, de todos los Santos, de los Angeles,
de las Almas puras, y de nuestro Salvador Jesús.
amén;
y humildemente te pedimos que por medio de tu Sabiduría y Bondad,
permitás que nuestras peticiones sean escuchadas por el Espíritu Santo
de tu Hijo Todopoderoso;
Así sea.
Oración escrita en Toronto, Canadá, el 3 de Noviembre de 1994
por René Sandino Monterrey, Mayordomo de la celebración
efectuada en honor a La Inmaculada Concepción en Scarborough (Toronto),
ese mismo año.
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